lunes, 5 de noviembre de 2012

Un día, una de las mejores personas que tuve el gusto de conocer en el último tiempo, hablando sobre parejas, problemas amorosos y demás, me dijo: 
"Yo necesito demostrarle a nadie, y menos a mi mismo, de las cosas que soy capaz de hacer por otra persona. Lo que se me complica es encontrar a alguien que no se contente con las cosas que pueda hacer yo por ella, sino que eso mismo sea el motor que la impulse a comportarse de la misma manera conmigo".

Todo un finde pensando en eso, esa frase dandome vueltas en la cabeza. 
Y te empezás a preguntar cosas, te das cuenta que evidentemente si siempre te termina pasando mas o menos lo mismo, el problema es tuyo. Será que te buscás eso de lo que después tanto te quejás?

Sería muy fácil convencerte que tenés mala suerte, que lamentablemente las personas con las que te cruzaste no supieron valorarte, te tomaron de boludo, y buen siempre va a estar el amigo que te consuele con un "no sabe lo que se está perdiendo".

Que quizás le das demasiada importancia, que no disfrutas lo que tenés (que no es poco), que cuando menos lo busques te va a llegar, que lo que te llama la atención es el desafío de lograr que la persona que vos "elegís" se termine fijando en vos.

Que te rebanás la cabeza, que dejas de lado otras cosas, que estás pendiente a tratar de ayudar a los demás, que buscas acompañarlos en lo que puedas. Que te decepcionás.

Que te prometes empezar a preservarte, cuidarte. Que no lo cumplís.
Una nueva ilusión, tratás de ser bueno con ella. Pasas a ser el boludo. 
Te das cuenta que pasó lo mismo, te enojas. 
Ahora además de boludo, te quejás de lo que vos diste, sin que nadie te pidiera.

Como carajo se hace para ser bueno sin terminar siendo un boludo, y sin irte de mambo, y terminar siendo un forro? El bendito problema del equilibrio. No me cae bien.

Estoy convencido de que lo voy a terminar logrando, lo que me asusta es lo que pase hasta tanto. 
Chau.


Federico
Un lunes cualquiera de Noviembre
Antes de irse del trabajo 
2012

viernes, 21 de septiembre de 2012

Un día sonó su teléfono y era ella. No recuerda si fue un mensaje, una llamada, o qué. Pero era distinto a como había sido siempre, tenía un no sé que raro. 
Aquella charla terminó en un encuentro, donde se sucedieron más charlas, y más encuentros dentro del mismo. Se sentía igual que cada vez que la veía: pleno.
(Días atrás le habían preguntado que era lo que le gustaba de ella. No pudo explicarlo con palabras, ni lo que lo atraía físicamente, ni mucho menos de su personalidad o su forma de ser. Sin embargo, y por más raro que sonara, él sabía bien las respuestas.) 

Él se había propuesto que su historia con ella, de ahora en más sería diferente. Quería comenzar a disfrutar de lo que le estaba pasando, aprovechando las cosas lindas, sacándole el mayor jugo posible. Y cuando estas no aparecieran, o se hicieran rogar, no hacerse tanto problema. Después de todo, ¿No vale la pena unos tragos amargos, si cuando llega lo dulce te hace tan bien? Era cuestión de creérselo, y poder actuar en consecuencia. 

(No pudo responderle a quién le preguntó, más que un: "lo que me gusta de ella es como me hace sentir cuando estamos juntos, o cerca, aunque más no sea hablando. Es como si me cambiara, es el desafío constante de saber que ella puede sacar lo mejor de mí, pero también lo peor. Me puede potenciar al 
máximo, como reducirme también. Creo que la quiero más que por lo que es ella, por lo que genera en mí".)

La vio, se rieron juntos. Hablaron de pavadas, y de temas importante. Se siguieron riendo. Ella lloró un poquito, él no pudo más que abrazarla. Como siempre, hablaron más de ella que de él. Y esto se debía básicamente a que él no podía caretearla cuando se trataba de hablar sobre lo que tenía que ver con sentimientos, al menos no sin terminar escupiéndole lo que le pasaba con esa petisa de ojos marrones. Optaba por tratar de desviar la conversación cuando se daba cuenta que empezaba a meterse en terrenos que sabía que no iba a poder manejar. Lo lograba.

(Nunca de todas las veces que se vieron, él quiso que terminara ese rato. Quizás inconscientemente lo estiraba lo más posible. Esta vez, él iba a decidir cuando irse. Lo tenía que hacer, se tenía que demostrar que era capaz de hacerlo. Si siempre había sido de una forma con ella, quizás si cambiaba, el resultado sería distinto...se convencía que si él lograba tratarla como a las otras mujeres que quizás no lo movían tanto, iba a lograr que ella cambie de plan. El único problema que tenía era que la morochita en cuestión, no era como las demás, en ningún aspecto.)

El cielo iba aclarando, y él tomando la decisión de volver a sus pagos. Sin mediar promesa de volver a verse, ni siquiera de seguirla por algún otro medio, le pidió que le abriera la puerta, se iba. Subió al auto, estranguló unas ganas locas de escribirle algo. Respiró profundo. Una sonrisa le atravesó la cara, y se le encendió el alma. Sabía que esa sensación le iba a durar lo que él se propusiera. Y no quería que esa duración sea poca.

(Comprendió que el tiempo libre le jugaba en contra, por tanto hizo planes, sacó de la galera cosas para hacer. Encontró felicidad en verse ocupado, y fue una especie de alargador del estado que reinaba cada vez que se despedía. Sintió que por una vez había ganado. Sintió que un ruido fastidioso lo obligaba a abrir los ojos. Resistió, no los abrió más. Se fué feliz).

Puso en marcha el auto, ella lo despidió desde atrás de las rejas. Espero que se de vuelta, y que entre a su casa de nuevo. Con calma bajó los vidrios, se prendió el primer cigarro de la jornada (ella le pide que no fume cuando están juntos, él cumple sin esfuerzo alguno), pisó el acelerador.
Apagó el despertador, se metió al baño. Duchazo, vestirse y arrancar el día como hacía siempre. Pero con el vago recuerdo de haber tenido una noche divina. Como si fuera un sueño. 

miércoles, 29 de agosto de 2012

Un amigo me dijo en un momento duro: "el hombre se hace hombre por sus decisiones".
Y hoy me estoy haciendo hombre entonces.
Tengo miedo, inseguridades. Pero también creo que es una linda chance de serme fiel a mi mismo.
Hoy creo que es lo mejor, y me la juego como lo hice siempre. Quizás sea la necesidad de tener nuevos desafíos, de probarme nuevamente. Me tengo fé.
Atrás dejo una historia linda, exigente pero que dió sus frutos. Hoy elijo otra cosa, pero soy consciente que arriesgo mucho. Dejo de compartir el día a día con personas que me hicieron saber que no fue en vano haberlas conocido.
Otra vez tomo carrera y me adentro en lo desconocido, cagazo a cuestas y con algunas ilusiones, ganas de que sea una decisión correcta.
Un tiempo de tranquilidad, de centrarme en mis prioridades, de disfrutar un poco para después lograr volver con todo, objetivo claro y tratando de llegar. Cueste lo que cueste.

Ojalá en unos meses vea esto y piense que fue lo mejor.
Y si así no fuera, aceptar la pálida y seguir adelante, frente en alto y los mismos huevos de siempre.
Pase lo que pase, a jugar se ha dicho.

jueves, 19 de julio de 2012

- "No cumpliste con lo que te pedí, la cagaste. Pero te entiendo, no estoy enojada, ahora me entendés todo lo que me costó y por lo que pasé yo".
- "La verdad, no sé como pudiste. Es imposible enana y mirá que traté, todo el día tratando de encontrar alguna excusa, algún motiva, cualquier cosa para hablarte y no encontré más que todo el miedo que me da esta situación"
- ¿Sabés cómo lo conseguí? Rezando.
- ¿Rezando?
- Sí, pedía poder olvidarme de vos, sacarte de mi cabeza, y que algún día vos pasaras por todo lo que estaba pasando yo. Que sientas lo mismo que yo estaba sintiendo.
- Mierda que Dios existe entonces. Lo lograste.

miércoles, 18 de julio de 2012

Es una mañana más. Se despertó como todos los días, luchando como siempre con los insoportables ruidos de esas alarmas que le cortan el descanso que tanto necesita.
Directo a la ducha, y a tratar de arrancar de nuevo. Sale de la casa, prendiendo un cigarrillo ni bien empieza a bajar las escaleras que lo van a depositar en las frías calles que recorre en el trayecto al trabajo.
Después de ocho paradas de bondi y trece más de subte, llega a Bartolomé Mitre 751 con el deseo que el día termine pronto, cuando todavía casi que no había empezado. Quiso pasar desapercibido, no pudo.
Más de uno de sus compañeros le iban preguntando si estaba bien, porque no tiraba los chistes de siempre, o saludaba con una sonrisa. No quería pararse a explicar, regateaba como podía, regalaba como le salía una sonrisa de esas que se consiguen en un Todo por $2 y se escondía de nuevo tras su monitor.
Ni siquiera con esa amiga que siempre le regalaba un par de horas matinales, mates de por medio y su oreja dispuesta a escucharlo pudo soltarse y explicar que le andaba pasando.
El día iba llegando a su fin, eran las 6 de la tarde y se tenía que ir rápido de la oficina. Ni siquiera la sesión de masajes que su madre le había pagado lo ilusionaban.
Miraba el teléfono, esperaba un mensaje, una llamada. Lo esperaba pero sabía que no iba a llegar. Necesitaba que suene, poder tener un encuentro más, quizás el último en un largo tiempo, o quizás el primero de muchos otros que se vendrían.
Pero no sonaba, y se aproximaba una noche complicada.
Había prometido desaparecer, perderse por unas semanas. Iba a cumplirlo, aunque sabía que iba a ser triste, doloroso, difícil.
¿Y si por quedarse quieto, no hacer nada y desaparecer se quedaba sin nada? ¿y si después se arrepentía?
De vuelta era consciente que corría esos riesgos, pero esta vez estaba atado de pies y manos, era ella la que tenía que decidir, y su tiempo de poder hacer, pedir o decir había pasado.
Tanta indecisión le hacía mal.
¿Como luchar para tener algo que perdiste, y si bien estas seguro que lo querés recuperar, no estás convencido en que términos lo querés? ¿qué estás dispuesto a resignar para recuperarlo? ¿Qué estás dispuesto a que ella pierda en el camino? ¿Y si te equivocas de nuevo?
Por lo pronto el teléfono sigue sin sonar, y yo, como de costumbre, sigo en el medio de algo que no sé como explicar, como solucionar ni como entender.

Ni siquiera le puedo encontrar un final a esta entrada. Me tengo que ir, y no sé si quiero, raro en mí.

lunes, 16 de julio de 2012

"Dejala tranquila, estás siendo egoísta, y sin estar seguro de que querés, sólo vas a lograr confundirla a ella"

Esa frase le vino a la cabeza, y no se le fue nunca más. Era verdad? No quería que lo fuera, pero tampoco sabía si su amiga tenía razón.

Esa noche, soñó con ella. Soñó una familia juntos y felices. Se despertó de madrugada, contento y eso lo terminó de confundir. Lo partió al medio.

No sabía que quería, pero sabía lo que no quería. Y no quería perderla, al menos no del todo. Y de acuerdo a como se levantaba, a que cosas le pasaran en el día, su parecer iba cambiando.
A veces sentía que tenía que volver a estar con ella, que tenía que luchar porque si después de 6 meses no había logrado dejar de sentir cosas por ella y expulsarla de su cabeza, era por algo. Sabía que iba a ser difícil, que iban a tener que luchar contra muchas cosas, estar más unidos que nunca, seguros de querer hacer las cosas bien y aprovechar la última de las chances que les quedaban. Pero la última enserio, pudiendo terminar todo o ser el comienzo de algo otra vez lindo, pero duradero.
Otras veces, se bajoneaba pensando que en realidad estaba siendo egoísta, que quería (como siempre) aquello que no tenía, que no podía tener. Que tenía que tragarse las ganas, irse por un buen rato, desaparecer de su vida y que el destino provea. Se dejaba en manos de la vida, de que sea lo que ella quiera. Podía ser que en un tiempo ella volviera a él, pero era consciente que también podía ser que no volviera jamás. Eso lo aterraba, no se creía capaz de hacerlo por decisión propia.

No sabía como había llegado a esta situación, poniendo en la posición de decidir a la mujer que como tal, más había amado en su vida.

Estaba en un momento crítico, sabía que decidiera lo que decidiera, no era él quién decidía.
Si se la jugaba de nuevo, arrepentido de la decisión que había tomado medio año atrás, e intentaba recuperar lo que en algún momento fue tan lindo, era ella quién iba a aceptarlo, o decidir seguir su vida sin él en ella.
Si decidía abrirse, darle paso al destino y quedar en posición de no hacer, se exponía a que sea lo que tuviera que ser, y  luego iba a tener que bancarse la que viniera. Si resultaba ser que la vida los vuelva a juntar, más adelante se vería. Y si cada uno hiciera su historia separado del otro, también habría que ponerle el pecho. Si alguno de los dos pudiese seguir adelante y el otro no, seguramente se sentiría mal, ahora o cuando se diera cuenta de esa incierta realidad.

Se venían días cruciales, sabía que por momentos no la iba a pasar bien. No quería pensar, no quería saber que iba a suceder. Pero pensaba. Imaginaba como podían darse las cosas. Ninguno de todos esos escenarios lo convencían. En todos habían miedos, dudas, inquietudes, reclamos, histeria, indecisiones, dificultades, cosas que se perdían, otras que se ganaban.
Una vez más no sabía para que lado correr, y entonces no corría. Trataba de caminar para allá, trastabillaba, se caía y arrancaba para el otro lado.
Y lo peor era que esto recién empezaba, pero él no sabía si querer que se termine de la manera que fuera, si querer que siga, que desaparezca o perder la memoria. O tal vez el corazón.

 Uff.


Federico
Duodécima
Julio 2012

martes, 10 de julio de 2012

Un buen momento.

Bueno, yo no creo en la felicidad. No creo en la felicidad como algo constante, pero sí en ella como un estado pasajero. Hay pequeños momentos de felicidad, no más que eso. No es eterno, ni se puede vivir en constante estado de felicidad.
Esa es una de mis máximas, hasta que algo me demuestre lo contrario. Bah, ni siquiera, en realidad hasta que a mí me pase algo que me haga pensar con más o menos la misma firmeza que tengo ahora, que la felicidad sí existe como algo más que esporádicos momentos.

Pero si creo en los buenos y malos momentos de cada uno en la vida. Y los creo fácil de distinguir.
Hoy creo que estoy en un buen momento: me siento bien, estoy de buen humor, tengo laburo, me puedo dar mis gustos. Haciendo cosas para mí, ocupándome de mis asuntos y tratando de dejar de hacer las cosas que quizás no me hacen del todo bien. Puedo planificar a futuro, puedo proyectar cosas y saber que las voy a cumplir. Me siento bien conmigo, me gusta esta realidad. Quiero hacerla mía.
Ojo, yo tengo claro que esto puede durar 20 minutos, o quizás menos. Y la verdad me importa poco.
Pretendo disfrutar de que ahora estoy bien, y tratar de estirarlo lo más posible.

Y la vida se acuesta a mi lado, y con ella me empiezo a reír
Y ahora sueño que voy caminando por todas las cosas que faltan vivir, y sentir...





Federico
Julio 2012
Undécima

viernes, 15 de junio de 2012


¿Y que me vienen a hablar a mí de Justicia?
Que te tenés que cuidar, que hay que valorar lo que tenés, que tenés que hacer las cosas bien, ayudar al otro, comer verduras y hacer ejercicio.  Que tenés que ir al médico, respetar a los mayores, estudiar, trabajar y formar una familia. Plantar un árbol, leer un libro y tener un hijo.
Que todo lo que das vuelve, que si hacés las cosas “como se debe” vas a tener tu recompensa, que hay que hacer el bien sin mirar a quién. 
 A mí no me vengan con eso, no me jodan.
Por que si sos buena persona se aprovechan de vos. Si hacés las cosas bien, en orden y sin cagar a nadie te terminás dando cuenta que tu camino fue más largo, complicado y hay que ver si terminás llegando a donde querías.
Que si todo lo que das vuelve, y estás convencido de eso, el día que no te respondan como vos lo hiciste en su momento, como vos lo harías o como esperás que lo haga el otro, te vas a sentir mal.
Que si tu vida es un bardo, llena de vicios, excesos y quilombos, te vas a morir pronto.
Pero si tenés una familia, una vida saludable y sos una persona querida y admirable, o te mata “la naturaleza” o te mata algún boludo.

Y entonces están los que te dicen que no es justo, que no se lo merecía, te hablan de la integridad que tenía, de lo mucho que lo admiraban.
Y los que creen en Dios, que dicen? Y si existe uno, dónde está? Y que puta explicación hay para estas cosas?

¿Y entonces? No lo sé…
Por lo pronto, uno nunca se acostumbra a que pasen estas cosas. Generalmente te puede pegar más o menos, te podés sentir mal, replantearte muchas cosas, pero salvo una rara excepción ese estado dura un poco, reflexionás y seguís como siempre.
Te tiene que pegar muy adentro, dejarte un vacío importante y entonces cada vez que lo sientas vas a recordar porque fue, que te hizo sentir y como querés continuar.
Porque nada ni nadie, nunca te va a poder asegurar nada, la vida es una incertidumbre constante y constantemente vas a tener que jugartela, asumir riesgos y esperar que las cosas salgan más o menos como te gustaría. El factor suerte, juega, juega de 10 distribuye los destinos de la bocha, elije por donde se va, por que lado viene el juego. Y lo que vos hagas, como te manejes, va a ser como el resto del equipo, influirá pero la bocha la lleva siempre el 10 y es quién termina decidiendo.
Podrás quedarte tranquilo en saber que hiciste lo mejor que pudiste, saber que no reprimiste nada y que no hay reproches válidos para con vos mismo.
Soy de los que piensa que es más meritorio el cómo que el resultado. Aunque a veces patine, me rompa soberanamente las bolas que haciendo las cosas bien cueste más o no se llegue.

Sólo sé que de injusticias está lleno, de cosas sin sentido aún más. Y que ni yo, ni nadie va a poder cambiarlo, y sólo resta tratar de llevarla lo mejor posible. Pero como dirían por ahí, sabemos que la vida es dura, pero la amargura no es la solución. Salute!

sábado, 2 de junio de 2012

Vivir muriendo?





Una vez escuchó a alguien decir que en la vida todo se trata de elecciones.
 

Se despertó de un sueño que se venía repitiendo en sus noches hace ya largos meses. Volante en mano, arriba de su tan ansiado auto. Iba por un camino cualquiera, en el sueño no importaba. Iba sólo, con el estéreo sonando despacito, como si fuera un simple detalle más. Acompañaba sus pensamientos, sin perturbarlos. Él venía pensando, sin embargo sentía la mente en blanco. De repente, el camino por el que él iba, se separó. Su miedo más grande se había hecho realidad. Debía elegir que camino tomar, sin saber a donde llevaría cualquiera que decidiera. A la derecha el cartel rezaba: "Tranquilo, conmigo vas a lo seguro". El cartel de la izquierda decía algo así como: "Para saber que hay, vení conmigo".
El miedo lo paralizó, punto muerto y 20 metros antes de la famosa bifurcación se quedó tratando de pensar que iba a hacer. Parecía que elegía quedarse ahí. Se despertó.

Ya no era la primera vez que sentía que en una situación culmine, miraba para otro lado, pateaba la bocha para adelante y después veremos. A él no le hacían gracia estas cosas, pero menos le gustaba pensar en la chance de perder alguna de las dos cosas, o personas estaría mejor dicho.

Él no quería resignar nada, pero era consciente que de seguir así explotaría en algún momento. Lo lastimaba la incertidumbre, el no saber que hacer. Pero eso era lo menos importante para él. Lo que en verdad lo hacía sentirse una mierda era saber que lastimaba a las dos mujeres que quizás, más había querido en su vida como tales.
No lo podía evitar. No sabía como hacerlo, y muy dentro suyo, tampoco quería.

Prefería pensar que en algún momento el destino o alguna casualidad decidiría por él.
Sabía que se arriesgaba a que alguna de ellas dos se cansara, eligiera otra cosa para sí.

Alguien le comentó que esa actitud era de mediocre. Poco le importaba, era su única chance.


Entonces en esa cama y en la misma posición en que se había despertado, un pensamiento le atravesó la mente como el más filoso de los bisturís.


Si la vida se trata de elegir, y él se estaba negando a hacerlo...
¿Qué estaba pasando con su vida?


BASTA. 
Acomodó ese pensamiento, le dió un beso. Caminó unos cuantos pasos para atrás, tomó carrera y lo pateó bien lejos. Sabía que como todo lo que pateaba, en algún momento iba a volver, como si en estos asuntos el efecto boomerang fuera su enemigo número uno. Luego se volvería a ocupar de él cuando volviese.


La calma llegó, lo abrazo y entibió su cuerpo. Él agradeció y con un esbozo de sonrisa nostálgica, cerró los ojos, y se subió de nuevo a su auto, rezando que esta vez el momento de la bifurcación estuviera a muchos miles de kilometros de distancia, si era posible a muchas horas, días y meses de viaje. 
Ojalá le diera la nafta.




?
Junio

Novena
Muchas veces catalogamos, pensamos lo que más fácil se nos haga o al menos lo que nos parece más probable, damos por sentado miles de cosas. Nos olvidamos que hay tanto que se nos escapa, demasiado.
Hoy puedo decirte que te entiendo, que me da bronca no haber hecho nada. Esa sensación rara de darte cuenta que sospechabas todo y no pudiste (o no te dejaron) hacer nada. Pero la tranquilidad de haberlo intentado de algún modo.
Por primera vez puedo decir que te entiendo, y que se me aclaran muchas cosas.
Gracias por confiar, hoy te quiero más y quizás hasta distinto.

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Hoy ya no te idealizo. 
Hoy te quiero por lo que sos. 
Hoy no sé cómo te quiero.
Hoy sólo sigo convencido que te quiero cerca, feliz y acompañada.
Hoy me siento bien.
Hoy te ví realmente, me dejaste verte.
Hoy no te dí más que un abrazo, y fue suficiente para mí.
Hoy te ví frágil, pero luchando.
Hoy quiero muchos días como hoy. 
Hoy sos más que ayer, más clara, más transparente. 

Hoy, gracias, perdón, te quiero, me enojo, me alegro, me fastidio, me sonrío, me dan ganas de matarte y me enamoro de nuevo de esos ojos. 

jueves, 31 de mayo de 2012

Ilusión.



Una historia de idas y vueltas. Empezó una mañana de fines de julio creo. Un viaje de egresados.
El grupo del primer colegio, arriba del micro de la empresa de viajes, pasó a buscar al segundo grupito al cual desconocían. Y como todo lo desconocido, le tenían miedo. Pero se hacían los guapos. Sonaban los cantitos tipo cancha "los de Caseros son todos putos", "los vamos a matar", etc.
Llegaron al colegio. Al mejor estilo Rafa Di Zeo esperában que suban los 20 monos provincianos al micro.
De repente se hizo el silencio. Los barrabravas se convirtieron en carmelitas descalzas, y los 20 monos que estaban esperando, en 20 preciosas mujercitas y un casi hombrecito (serias dudas de su sexualidad desde el momento que pisó el micro).
Imaginate como estaban esos muchachos. Se sentían en el paraíso. Casi 20 hs los separaban de su destino y la perspectiva de compartir ese viaje, la estadía en la ciudad de los egresados, excursiones, boliches y vuelta con las mismas señoritas, era muy promisoria.
Huevadas del viaje, juegos, charlas. Conocerse. Las madres acompañantes, divinas, y una de ellas la madre de Mariana. Él pegó buena onda de arranque.

Pero falta que conozcan al protagonista de esta historia. Digamos que se llamaba Román. Él tenía 18 años, tenía novia. La relación andaba jodida, muchos problemas, idas y vueltas. Desgastada, gente de por medio. Si no había terminado antes, fue porque él no había tenido los huevos suficientes. No sabía qué iba a hacer en Bariloche, pensaba decidirlo allá. Ver que pasaba.

Ella, cuyo nombre se podría decir que era Mariana, no era de las más lindas del grupito. Ni siquiera la más simpática. No era la primera chica del contingente en que se había fijado Román.
La primer o segunda noche de boliche (no recuerdo bien), sin saber porque, y bajo los poderosos efectos del alcohol, Román la empezó a mirar con más atención a Mariana.
En un rapto de inconsciencia, le dijo en medio de la gente y la música sonando: "¿Por qué no venís para allá y me das un beso?" Vaya un a saber cómo o el motivo, la señorita terminó a los besos con él.
Fue casi como un camino de ida. y Román sigue buscándole la vuelta.
A partir de esa noche se quedó embobado. Los siguientes días, se fue acercando más. Alguna que otra noche se encontró durmiendo en la misma cama que ella, sin que pasara más que algunos besos, pero eso a él le alcanzaba.
Algunos de esos días sureños, ella estaba más accesible, más cariñosa, más presente, aunque siempre bastante fría. A veces desaparecía, estaba rara. Y como Román era bastante enamoradizo, perseguido y mariconazo, se fastidiaba por esa situación.
Ella le había contado muy por arriba, que acá en Buenos Aires, tenía una historia bastante complicada que la esperaba, él por su parte decidió dejarle la posta a ella. Le preguntó si prefería que sea una historia que quedara ahí, porque a él le gustaba, pero que si quería eso, que se lo dejara claro en ese momento. Ella le dijo que no quería que muriera ahí, pero que tampoco sabía que que era lo que quería o lo que iba a pasar cuando volviesen. A él, eso le sobró para subirse a la moto y no bajarse más.
La última noche y el último día, ella no le dió ni bola. Román sentía que se había mandado alguna cagada, que ella estaba enojada pero no entendía el porqué. Recién en el micro de vuelta, cuando todos dormían él se pudo acercar a ella y hablar unas horas. Entendió que el motivo de que ella estuviera así era lo que la esperaba en Buenos Aires. Se sintió cerca, que ella se abría para contarle algunas infidencias. Y se sintió bien, aunque no hubiese mediado ni siquiera un beso.
Al llegar a destino, algo sorprendió a Román. La primer parada de descenso de pasajeros fue en el Colegio de Caseros, en el cual el contingente de muchachas bajó del micro. Retiraron sus valijas, saludaron a sus familiares. Las madres acompañantes lo saludaron casi especialmente, se habían encariñado. Ellas con él, él con ellas. Ya pidiendo que subamos de nuevo al micro los que no se quedaban en el conurbano, Mariana se acercó. Lo abrazó y le dió un beso. Poco importó que fuera en el cachete. Siguió hasta su destino contento.

Se dieron charlas virtuales, algún que otro reencuentro de todo el grupo con diversa suerte para Román y Mariana.
En algunos casos, Román pensaba que las cosas eran como en Bariloche de nuevo.
En otros, se parecía más al último día en la ciudad del Sur. Él no entendía nada, seguía sin entender. Pero ella lo podía.

Ella se puso de novia. Él seguía de novio, por los pocos huevos que tenía, por no querer lastimar a su pareja, y por el terror que le tenía a sentirse solo. Él aunque sufría que las cosas no fueran como hubiera preferido, estaba contento de verla bien. Se había resignado momentáneamente a tener una amistad con Mariana. Sin embargo con el tiempo, la empezó a notar triste, y no pudo seguir con la farsa de la amistad. Román quiso volver a acercarse, tratar de saber como estaba ella y ayudarla desde el lugar que lo dejara.
Ella lo dejó acercarse, a su manera, pero lo dejó. A veces más, a veces menos. Muchas veces con mensajes con doble sentido. A él le alcanzaba. Tenía claro que no le importaba con qué título lo hacía, no le importaba de que manera, pero necesitaba sentirla cerca, sentirse cerca de ella, saber como estaba y si pudiera, ayudarla en lo que fuera.
Los meses fueron pasando, y habían momentos distintos. Por momentos, hablaban todos los días, varias horas. Tenían épocas de no hablar directamente.

Tuvieron 2 encuentros a solas. Una de esas veces, en clara condición de amigos, él tratando de aconsejarla en sus dramas amorosos cuál mártir estupidizado.
Lo lindo fue en la otra. Ella estaba en conflicto con su facultad. Estudiaba Arquitectura, al igual que Román. Mariana en la facultad del Estado, él en una institución privada.
Él le comentó que quizás un cambio de facultad, podía ser algo potable para que deje de hacerse drama por estudiar, que si ya de por sí era bastante odioso, el hecho de que desde la facultad te la hagan más difícil era bastante molesto. Ése fue el motivo de la segunda reunión.
Él llegó a la casa, contento de volver a verla luego de mucho tiempo. Comieron juntos los dos, y la madre los acompañó en la cena. Luego de comer, la madre se fue a acostar y los dos quedaron solos de nuevo.
Empezaron a charlar, ella se convenció de cambiarse de facultad. Estaba en crisis su noviazgo, y hablaron de eso. La charla se extendió hasta la madrugada, los termos de mates se vaciaron. Casi sin darse cuenta él le empezó a acariciar la mano, después el pelo, la espalda. Se empezaron a acercar casi imperceptiblemente, terminaron sus bocas separadas por escasos centímetros. Ese día Román se sintió pleno.
Él le hizo de la promesa de que no pasaría nada esa noche entre ellos, porque la quería cuidar, no quería que hiciera algo que después la hiciera sentir mal.
Es el día de hoy, que esa promesa la lleva como una daga en su corazón. Y se siente un bolo importante, de no haber aprovechado la que podría haber sido su chance.
Después de ese día, Mariana se peleó con el novio, y desapareció. Le metió un scarface importante. Volvieron los fantasmas del último día del viaje de egresados.
Llegó el día del cumpleaños de la muchachita. Él quiso verla, saludarla. Se conformó con dejarle un día cualquiera, un par de meses después un regalito en la casa. Ni siquiera con ir a la casa logró verla, el regalo se lo dejó a los padres. Román ese día decidió dejarla ir, dejarse de boludear y empezar a valorarse un poco. Mariana era historia del pasado.
Pasaron varios meses sin hablarse.
Y de repente, una tarde cualquiera, Román ve en el Facebook de Mariana una foto de ella besándose con otro flaco. Se puso triste, muy.
Le tiró la resentida. Un mensaje con un "felicitaciones" seco y se fué. Más convencido aún, que debía olvidarse de ella.
Olvidarse. LAS PELOTAS!
Bastó con una simple charla días después. Él le ofreció ayudarla a estudiar, ella de alguna manera extraña para su sorpresa, aceptó su ayuda. Su mundo tembló de nuevo.
Él mañana se levanta temprano, va al trabajo, luego a la facultad. A eso de las 22 hs. empieza su día, se arregla lo más que puede y con su mejor sonrisa va a su encuentro. Pasado mañana, en una de esas, puedo decir como le fue y como sigue este enredo.


Y si llego a mi fin intentando seré un vencedor,
porque es mejor intentar que morirse sin sentir tu voz.




Román
Octava

Mayo 2012

Un cigarro en el balcón. La lluvia cayendo afuera. Noche fría, un lunes cualquiera.
Vuelve de rendir un parcial más, con la sensación de tranquilidad que se siente cuando uno llega preparado.
Más allá del resultado, la conciencia tranquila de saber que ante tanta adversidad, se hizo lo mejor que pudo. Que quizás haya sido más que muchas otras veces, tal vez por el simple hecho de la presión y correr contra todo para tratar de llegar a lo que uno quiere. Algo así como su historia de vida.
Sensación de tranquilidad que se fue con el humo de ese cigarro. Con esas gotas de lluvia que iban cayendo, llegó hasta mi él ese estado que lo definía en los últimos tiempos.
No podía definirlo, no lograba explicar bien que era lo que le estaba pasando.
Inconformismo. Miedos. Soledad. Mariconismo. Histeria. Aburrimiento. Bronca.
Sin poder esconderse con la tecnología, que parecía haberse complotado en su contra, no le quedaba más que hacerse cargo de sí mismo. Enfrentarse al problema, encontrarle solución, poder darse un diagnóstico, o aunque sea aceptar que eso que estaba sintiendo existía, aunque no llegara a entenderlo ni por asomo.
Sin embargo hizo lo de siempre. Fumó, cambió su semblante. Se mojó los pies con esa historia, se fastidió.
Y escapó. O trató de hacerlo.
La cama era su única salida y hacia ella fue. Como si tuviera alguna condición mágica, se entregaba nuevamente con la firme convicción, o aunque sea la vana esperanza de que cuando ésta lo abrazara se sentiría mejor. Que al despertar sería otro día. Pero no pasó.
Soñó cosas raras. Que lo hacían ilusionar, pero eso lo escribo más tarde.

martes, 1 de mayo de 2012

Pequeñas cosas que te hacen sentir bien.
Detalles o simples escapadas provocan sonrisas que extrañabas.
Algo así como 30 horas de otra realidad, de una tranquilidad casi ajena. De una amistad que crece, que nutre, que fortalece. De historias mínimas que traen algo parecido a la felicidad. De quemaduras que no lastiman, de fríos que se aguantan con risas. De conocer mejor a quién te hace bien, de conocerte mejor. De mirar el lago, las chispas, los pescadores sin pescados.
De cumplir algo planeado pero pospuesto, de que salga bien.
De irse con ganas de que se repita, de planear volver a hacerlo, de querer ir más allá, de proponer un verano con la misma esencia. De querer que se cumpla.
De confirmar esta amistad. De agradecer que exista.

Pero...viste cuándo tenés todo, cuando te das cuenta que hay tantas cosas lindas con las que contás y sin embargo sentís que falta algo? Como si hubiera un espacio que falta llenar, un no sé qué que anda faltando, que no sabés  cómo o por qué, pero que no está. Un vacío que se va a llenar, que se tiene que llenar... andá a saber cuando.
Hoy no importa, hoy quiero que pese más lo bueno.
Pero no quiero que haya peros.
Por lo menos hoy, aunque más no sea ahora.


Fede
Mayo 2012
Sexta 

sábado, 21 de abril de 2012

Y soy impulsivo. Y soy un salame. Y no sé decir las cosas bien. Y no sé elegir bien los momentos. Y no tengo filtro. Y no sé ubicarme. Y tengo miles de defectos, cosas por corregir.
Pero si hay algo que nunca nadie me va a poder reprochar es que la careteo. Que me quedo con cosas por decir, que no le voy de frente a la gente que quiero.
Y me equivoco. Y me doy la cabeza contra la pared. Y patino. Y entiendo, y trato de aceptar, y banco, y me pongo en el lugar del otro. Y tengo los huevos llenos.
Hasta que punto hay que entender, aceptar, validar, bancar, acompañar, cerrar los ojos y fumartela?
Cuándo va a llegar el momento que me pueda permitir que otro tenga que entenderme? Que otro se banque mis berrinches, me acompañe en mis locuras?
Está mal querer un poquito a cambio? No hago las cosas para recibir lo mismo de la otra persona, nadie es igual y no puede dar lo mismo que uno. Pero está mal pretender aunque sea un poquito? No pido mucho, no me parece mucho.
No quiero más esto, no me quiero sentir así. No lo necesito, no me hace bien.
Quiero tener 20 años, hacer pavadas, tener que justificarme, quiero ser más común. Quiero.
Quiero rodearme de gente que me haga bajar, entender que me pongo en lugares donde no me corresponde, exijo lo que nadie quiere dar, busco respuestas que no existen.
Me quiero ir, me quiero dormir. Me quiero?

BASTA POR HOY.

Fede.
Abril 2012
Quinta.

jueves, 19 de abril de 2012

Un día tenés 20 años y estás planeando lo que vas a ser algún día. Y entonces, de repente, sin que te des cuenta, ese algún día es hoy. Y después, algún día es ayer. Y esta es tu vida.
Pasamos mucho tiempo queriendo, buscando, deseando. La ambición es buena. Pero perseguir las cosas con integridad es mejor todavía, vale mucho.
Si tuvieras un amigo que supieras que no volverías a ver, ¿Qué le dirías? Si pudieras hacer una última cosa por alguien a quién queres, ¿Qué harías? Decilo. Hacelo. No esperes. Nada dura para siempre.
Pedí un deseo y ponelo en tu corazón. Cualquier cosa que quieras, todo lo que quieras. ¿Lo tenés?
Ahora confiá en que se puede hacer realidad. Nunca se sabe de donde puede venir el próximo milagro. El próximo recuerdo. La próxima sonrisa. El próximo deseo hecho realidad.
Pero si crees que está doblando la esquina, abrí tu mente y tu corazón a esa posibilidad, a la certeza de que con esfuerzo podrías conseguir lo que estabas deseando. El mundo está lleno de magia. Sólo tenés que creer en ella.
Entonces pedí tu deseo.
¿Lo tenés?
Bien.
Ahora creé en él. Esforzate, perseguilo, soñá, luchá.
Con todo tu corazón.

(gracias por tanto)

Fede.
Abril 2012
4ta.

lunes, 9 de abril de 2012

La noche anterior no me acuerdo que, pero soñe con ella. Me levante y salí de casa. Como si nada, me ví vestido con una remera que me había regalado ella. Como si todo se fuera alineando con lo que luego pasaría, en el auto sonaba el CD doble también llegado a mi de sus manos. Unas horas después, suena un mensaje. Es ella, queriendo despojarse de las ultimas cosas mías que tenía en su poder. Me escribía de lejos, ella estaba lejos.
Últimamente la sentía más distante, más dura. Independiente, rebelde. Pero no.
La vi sentada, esperándome en la esquina de Nazca y Belaustegui. Afuera harían unos 20º, pero hacía frío.
Volvió a tener esa pinta de nena, de nena frágil. Como si fuera de cristal, y al primer golpecito se fuera a romper. Tan desprotegida, tan simple, ingenua... tanto que daba ternura. Ganas de protegerla.
Me sentí mal por haberme ido. Por un segundo pensé que toda esa fragilidad, ignorancia e ingenuidad eran mi complemento perfecto. Eso que era casi la contraposición de mi realidad, tan distinto. Un cable a tierra, una forma de calmarme, de toparme con otra realidad.
Sentí ganas de bajar, de abrazarla, mirarla, darle un beso.. De haber hecho las cosas diferentes, de que hubiera funcionado, de no tener la certeza de que pude haber hecho más y mejor y que no lo hice. Desaparecer. No de su vida, sino de la mía. Meterle un pause, aparecer en algún lugar tranquilo, que se frene el mundo. Estar ahí unos días, unas semanas, unos meses.
Y después, que importa?

No bajé, no le dí un beso. Me sentí raro. Hablamos una hora. De repente ganas de irme, ganas de quedarme, ganas de llorar, de reirme, de abrazarla. De repente no estábamos más en esa esquina. Nos perdimos, durante 2 horas. Y al encontrarnos, habiéndonos permitido el naufragio, las cosas volvieron a estar como antes. Aunque no podría decir que volvieron a la normalidad, porque después de todo... ¿Qué es la normalidad?
Nos despedimos, promesa de volver a hablar de por medio.

Estoy convencido que fue la mejor decisión. No obstante, ¿Quién me saca este gusto amargo? Nadie, al menos por ahora.


domingo, 8 de abril de 2012

Y hoy, ahora me siento...tranquilo. ¿Cómo sentirse tranquilo después de lo que pudo haber sido mandarte una cagada, repetir un error o fabricarte nuevos viejos problemas a futuro? Andá a saber...
Otra de las cosas que me pasan y no puedo explicar. No es amor, no es alegría, es estar tranquilo.
Es pensar que si me mandé una cagada, ya está. Después de todo es su momento lo quise, tuve ganas y no lo reprimí.
Es convencerme que si repetí un error, no voy a ser el primer ni único nabo que tropieza dos veces con lo mismo. Ni la primer o única vez que me mande dos cagadas iguales y no aprenda.
Y saber que si es un nuevo viejo problema a futuro, más adelante veré si tenía razón o no, y lidiaré con ello.

No me quiero poner a analizar más que esto que son sensaciones encontradas. Ni a leer las cosas anteriores que escribí. Hoy me siento así, pienso esto. Varío de ánimos, de pensamientos, miradas y posturas.
Esto es lo que hay. Si me gusta, bien. Y sino llevarlo y amoldarlo hasta que me sienta cómodo.
Buenas noches Fede.


Fede
Abril 2012
2da.

sábado, 7 de abril de 2012

Dicen que a partir de la adolescencia se empieza a formar la persona que uno va a ser el resto de su vida.
Es parte del crecimiento. Y estoy creciendo... y estoy creciendo pero no me encuentro.
Bah, en realidad si. Me encuentro pero no como me gustaría encontrarme.
¿Qué pasa con las cosas que pienso que llevo como estandarte? ¿Soy un hipócrita si doy consejos que yo no cumplo? Y si tanto me lleno la boca con esas cosas, y tan convencido estoy que deberían ser de tal modo...¿Por qué no las hago así?

Siempre diciendo "hay que pensar menos, empezar a sentir  a dejarse llevar por eso. Hay que aceptarse en todo concepto, permitir equivocarse". OK
Y hoy me doy cuenta que esas cosas no las hago. Me encuentro perdido, así de rebuscado y contradictorio como suena. Pienso más de lo que puedo, más de lo que quiero, más de lo que me gustaría y más... Lo que siento me lo guardo, me encierro, me atrinchero contra no sé que. 
Me enojo conmigo, me da bronca no sentirme el mismo que hace un tiempo atrás.
Las noches sin ninguna obligación (como verte obligado a dormir porque estás cansado y al otro día de nuevo la rutina), ni con planes hechos, se me complican bastante. Veo todo negro, me las doy de filosofo medio cursi, medio emo, empelotudizado al extremo. Entiendo que siempre me quedo con las cosas malas, emperrado, queriendo entenderlas y solucionarlas. Total si lo bueno está bien, ¿Para qué preocuparme?
Y leo lo que escribo y me digo que soy un salame.
Y bueno, será cuestión de poder plasmar un poco en este papel cibernético un poco de mis cosas (espero poner cosas lindas también, que por cierto las hay y muchas). Fijarme si puedo ponerle un poquito de luz a lo que no entiendo.



"Quiere entender para seguir..."

Fede.
Abril 2012
1era.

Intro a mi mismo.

Bueno, acá estoy al fin. Años deseando tener un lugar donde poder vomitar todos mis pensamientos, escupirlos en algún lugar donde pueda sentirme liberado para hacerlo. Para hacerlo para mí, para ayudarme a entenderme, a aceptarme, a encontrarme. Y cuando digo que es para mí, es así, lo necesito.