sábado, 2 de junio de 2012

Vivir muriendo?





Una vez escuchó a alguien decir que en la vida todo se trata de elecciones.
 

Se despertó de un sueño que se venía repitiendo en sus noches hace ya largos meses. Volante en mano, arriba de su tan ansiado auto. Iba por un camino cualquiera, en el sueño no importaba. Iba sólo, con el estéreo sonando despacito, como si fuera un simple detalle más. Acompañaba sus pensamientos, sin perturbarlos. Él venía pensando, sin embargo sentía la mente en blanco. De repente, el camino por el que él iba, se separó. Su miedo más grande se había hecho realidad. Debía elegir que camino tomar, sin saber a donde llevaría cualquiera que decidiera. A la derecha el cartel rezaba: "Tranquilo, conmigo vas a lo seguro". El cartel de la izquierda decía algo así como: "Para saber que hay, vení conmigo".
El miedo lo paralizó, punto muerto y 20 metros antes de la famosa bifurcación se quedó tratando de pensar que iba a hacer. Parecía que elegía quedarse ahí. Se despertó.

Ya no era la primera vez que sentía que en una situación culmine, miraba para otro lado, pateaba la bocha para adelante y después veremos. A él no le hacían gracia estas cosas, pero menos le gustaba pensar en la chance de perder alguna de las dos cosas, o personas estaría mejor dicho.

Él no quería resignar nada, pero era consciente que de seguir así explotaría en algún momento. Lo lastimaba la incertidumbre, el no saber que hacer. Pero eso era lo menos importante para él. Lo que en verdad lo hacía sentirse una mierda era saber que lastimaba a las dos mujeres que quizás, más había querido en su vida como tales.
No lo podía evitar. No sabía como hacerlo, y muy dentro suyo, tampoco quería.

Prefería pensar que en algún momento el destino o alguna casualidad decidiría por él.
Sabía que se arriesgaba a que alguna de ellas dos se cansara, eligiera otra cosa para sí.

Alguien le comentó que esa actitud era de mediocre. Poco le importaba, era su única chance.


Entonces en esa cama y en la misma posición en que se había despertado, un pensamiento le atravesó la mente como el más filoso de los bisturís.


Si la vida se trata de elegir, y él se estaba negando a hacerlo...
¿Qué estaba pasando con su vida?


BASTA. 
Acomodó ese pensamiento, le dió un beso. Caminó unos cuantos pasos para atrás, tomó carrera y lo pateó bien lejos. Sabía que como todo lo que pateaba, en algún momento iba a volver, como si en estos asuntos el efecto boomerang fuera su enemigo número uno. Luego se volvería a ocupar de él cuando volviese.


La calma llegó, lo abrazo y entibió su cuerpo. Él agradeció y con un esbozo de sonrisa nostálgica, cerró los ojos, y se subió de nuevo a su auto, rezando que esta vez el momento de la bifurcación estuviera a muchos miles de kilometros de distancia, si era posible a muchas horas, días y meses de viaje. 
Ojalá le diera la nafta.




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Junio

Novena

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