lunes, 26 de agosto de 2013

De repente se encuentra en la misma. Llorando. Triste.
Tiene todo para ser feliz, o eso es lo que todos le dicen.
Según lo que él siente, no tiene nada. No tiene lo que quiere o lo que más le importa.
Vuelve a escribir, porque no lo dejan hacer otra cosa. Él quiere, busca, intenta, trata. Pero siempre, siempre, se encuentra con la misma pared del otro lado. Fría, dura, lejana, distante.
Daría mucho de lo que consiguió hasta ahora sólo por tener dos horas encerrado en donde sea, charlando. Diciendo todas las cosas que le pesan adentro, que necesita decírselas, que lo están quemando entero. Siente que es una especie de boomerang, que por más carrera que tome, y sin importar con cuanta fuerza lo intente, va a conseguir adelantar un trecho, pero siempre va a terminar volviendo. Y no quiere más de eso, no puede aguantarlo más.
A veces son lágrimas, otras tantas enojo, de vez en cuando le sale valorar a la gente (hoy sólo tiene la certeza de una) que tiene incondicionalmente a su lado.
Cree que mejora, que se olvida o que logra no darle tanta importancia. Lo cree un tanto por sentirlo así, pero en gran parte porque no se quiere seguir sintiendo de la misma manera que hace mucho tiempo.
La gente le dice que no vale la pena estar así, que está obsesionado, que la quiere únicamente por no tenerla. Que ya se rebajó demasiado, que al fin y al cabo, si está así es porque haga lo que haga, no obtiene lo que necesita del otro lado. Le han llegado a decir que ella es una mala persona, que evidentemente él le fue funcional en algunos momentos, a cuenta gotas, cuando ella lo necesitó. Que después hay sólo vacío.
A él le gustaría poder sentirlo de esa manera, quizás todo sería más sencillo.
Pero no puede.

Recae, vuelve, escribe acá, y sigue. Tal vez en algún momento pueda revertir la historia, o aunque sea darle un final. Quizás no.

Quizás no.








"Amanecen los días poniéndole un sol, se calientan las nubes de tanto dolor.
Siempre tira su red y recoge al pasar algo que lo reanime y le ayude a intentar.
Él no sabe porqué ya no puede llorar y una lágrima seca no sabe mojar"

martes, 5 de febrero de 2013

Sabés lo que pasa? Estoy triste, es la primera vez que sufro así por una mina. Me duele todo.
No sé que escribir, pero quiero hacerlo.
Me cago en los momentos, en encontrar la gente que te tiene que escuchar, que hacer bien. Me cago en enamorarme, en tener que sentir estas cosas por alguien que sin darse cuenta lo único que viene haciendo hace 3 años es ilusionarme con cosas que al fin y al cabo, nunca terminan siendo.
Y lo peor es que como un salame sigo creyendo que lo hace sin darse cuenta, sigo escribiendo de ella.
Tengo tan pocos huevos, no me animo a cortar por lo sano, a darme cuenta que siempre termino saliendo lastimado yo.

Acabo de leer algo en Twitter, que creo que es la mejor definición que tengo para vos.
 "Enamorarse es como la droga, o te mata o te da la mejor sensación de tu vida"


Y así es como te siento. Me haces ser el tipo más feliz del universo, me haces creer que todo va a estar bien, que puedo hacer todo, que el mundo me sonríe. Me haces ver una realidad diferente y desear que nunca se terminen los ratos con vos.
Cada puta vez que me encuentro con vos, tengo la esperanza de que después ese encuentro, las cosas van a cambiar. Me engaño pero soy tan feliz en esa mentira que no puedo evitarlo.
Hasta que te vas, y ahí sos otra.Y ahí empiezo sentir que es más importante para vos, cualquier cosa menos yo. Y me empiezo a sentir perdido, me empiezo a sentir con ganas de llorar.
Pierdo las ganas de hacer todo, pierdo las ganas de seguir. Gano en bronca, en angustia, en sentirme un tarado completo.

Quiero irme, quiero olvidarme de vos, quiero que sientas, alguna vez, todo lo que siento por vos. Quiero dejar de esperarte, quiero dejar de sentir que siempre vas a ser distinta para mi. Quiero dejar de pensar en vos, quiero que desaparezcas de mi cabeza, quiero dejarte ir.

Y lo peor es que se que no lo voy a lograr por completo, se que cada vez que aparezcas de alguna manera, para mi va a ser siempre algo distinto.

Se me ocurre una frase de alguien que no se quien la dijo ( y encima el afamado google no me pudo ayudar), que dice algo así como: " El que dice que el amor es hermoso, es porque nunca se enamoro, con el amor también se sufre".
Otra gran realidad, de quien sea que la haya escrito.

En fin no voy a seguir escribiendo, porque no quiero leerme mañana.
Gracias a este espacio por dejarme desahogarme, gracias por ser casi totalmente anónimo.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Un día, una de las mejores personas que tuve el gusto de conocer en el último tiempo, hablando sobre parejas, problemas amorosos y demás, me dijo: 
"Yo necesito demostrarle a nadie, y menos a mi mismo, de las cosas que soy capaz de hacer por otra persona. Lo que se me complica es encontrar a alguien que no se contente con las cosas que pueda hacer yo por ella, sino que eso mismo sea el motor que la impulse a comportarse de la misma manera conmigo".

Todo un finde pensando en eso, esa frase dandome vueltas en la cabeza. 
Y te empezás a preguntar cosas, te das cuenta que evidentemente si siempre te termina pasando mas o menos lo mismo, el problema es tuyo. Será que te buscás eso de lo que después tanto te quejás?

Sería muy fácil convencerte que tenés mala suerte, que lamentablemente las personas con las que te cruzaste no supieron valorarte, te tomaron de boludo, y buen siempre va a estar el amigo que te consuele con un "no sabe lo que se está perdiendo".

Que quizás le das demasiada importancia, que no disfrutas lo que tenés (que no es poco), que cuando menos lo busques te va a llegar, que lo que te llama la atención es el desafío de lograr que la persona que vos "elegís" se termine fijando en vos.

Que te rebanás la cabeza, que dejas de lado otras cosas, que estás pendiente a tratar de ayudar a los demás, que buscas acompañarlos en lo que puedas. Que te decepcionás.

Que te prometes empezar a preservarte, cuidarte. Que no lo cumplís.
Una nueva ilusión, tratás de ser bueno con ella. Pasas a ser el boludo. 
Te das cuenta que pasó lo mismo, te enojas. 
Ahora además de boludo, te quejás de lo que vos diste, sin que nadie te pidiera.

Como carajo se hace para ser bueno sin terminar siendo un boludo, y sin irte de mambo, y terminar siendo un forro? El bendito problema del equilibrio. No me cae bien.

Estoy convencido de que lo voy a terminar logrando, lo que me asusta es lo que pase hasta tanto. 
Chau.


Federico
Un lunes cualquiera de Noviembre
Antes de irse del trabajo 
2012

viernes, 21 de septiembre de 2012

Un día sonó su teléfono y era ella. No recuerda si fue un mensaje, una llamada, o qué. Pero era distinto a como había sido siempre, tenía un no sé que raro. 
Aquella charla terminó en un encuentro, donde se sucedieron más charlas, y más encuentros dentro del mismo. Se sentía igual que cada vez que la veía: pleno.
(Días atrás le habían preguntado que era lo que le gustaba de ella. No pudo explicarlo con palabras, ni lo que lo atraía físicamente, ni mucho menos de su personalidad o su forma de ser. Sin embargo, y por más raro que sonara, él sabía bien las respuestas.) 

Él se había propuesto que su historia con ella, de ahora en más sería diferente. Quería comenzar a disfrutar de lo que le estaba pasando, aprovechando las cosas lindas, sacándole el mayor jugo posible. Y cuando estas no aparecieran, o se hicieran rogar, no hacerse tanto problema. Después de todo, ¿No vale la pena unos tragos amargos, si cuando llega lo dulce te hace tan bien? Era cuestión de creérselo, y poder actuar en consecuencia. 

(No pudo responderle a quién le preguntó, más que un: "lo que me gusta de ella es como me hace sentir cuando estamos juntos, o cerca, aunque más no sea hablando. Es como si me cambiara, es el desafío constante de saber que ella puede sacar lo mejor de mí, pero también lo peor. Me puede potenciar al 
máximo, como reducirme también. Creo que la quiero más que por lo que es ella, por lo que genera en mí".)

La vio, se rieron juntos. Hablaron de pavadas, y de temas importante. Se siguieron riendo. Ella lloró un poquito, él no pudo más que abrazarla. Como siempre, hablaron más de ella que de él. Y esto se debía básicamente a que él no podía caretearla cuando se trataba de hablar sobre lo que tenía que ver con sentimientos, al menos no sin terminar escupiéndole lo que le pasaba con esa petisa de ojos marrones. Optaba por tratar de desviar la conversación cuando se daba cuenta que empezaba a meterse en terrenos que sabía que no iba a poder manejar. Lo lograba.

(Nunca de todas las veces que se vieron, él quiso que terminara ese rato. Quizás inconscientemente lo estiraba lo más posible. Esta vez, él iba a decidir cuando irse. Lo tenía que hacer, se tenía que demostrar que era capaz de hacerlo. Si siempre había sido de una forma con ella, quizás si cambiaba, el resultado sería distinto...se convencía que si él lograba tratarla como a las otras mujeres que quizás no lo movían tanto, iba a lograr que ella cambie de plan. El único problema que tenía era que la morochita en cuestión, no era como las demás, en ningún aspecto.)

El cielo iba aclarando, y él tomando la decisión de volver a sus pagos. Sin mediar promesa de volver a verse, ni siquiera de seguirla por algún otro medio, le pidió que le abriera la puerta, se iba. Subió al auto, estranguló unas ganas locas de escribirle algo. Respiró profundo. Una sonrisa le atravesó la cara, y se le encendió el alma. Sabía que esa sensación le iba a durar lo que él se propusiera. Y no quería que esa duración sea poca.

(Comprendió que el tiempo libre le jugaba en contra, por tanto hizo planes, sacó de la galera cosas para hacer. Encontró felicidad en verse ocupado, y fue una especie de alargador del estado que reinaba cada vez que se despedía. Sintió que por una vez había ganado. Sintió que un ruido fastidioso lo obligaba a abrir los ojos. Resistió, no los abrió más. Se fué feliz).

Puso en marcha el auto, ella lo despidió desde atrás de las rejas. Espero que se de vuelta, y que entre a su casa de nuevo. Con calma bajó los vidrios, se prendió el primer cigarro de la jornada (ella le pide que no fume cuando están juntos, él cumple sin esfuerzo alguno), pisó el acelerador.
Apagó el despertador, se metió al baño. Duchazo, vestirse y arrancar el día como hacía siempre. Pero con el vago recuerdo de haber tenido una noche divina. Como si fuera un sueño. 

miércoles, 29 de agosto de 2012

Un amigo me dijo en un momento duro: "el hombre se hace hombre por sus decisiones".
Y hoy me estoy haciendo hombre entonces.
Tengo miedo, inseguridades. Pero también creo que es una linda chance de serme fiel a mi mismo.
Hoy creo que es lo mejor, y me la juego como lo hice siempre. Quizás sea la necesidad de tener nuevos desafíos, de probarme nuevamente. Me tengo fé.
Atrás dejo una historia linda, exigente pero que dió sus frutos. Hoy elijo otra cosa, pero soy consciente que arriesgo mucho. Dejo de compartir el día a día con personas que me hicieron saber que no fue en vano haberlas conocido.
Otra vez tomo carrera y me adentro en lo desconocido, cagazo a cuestas y con algunas ilusiones, ganas de que sea una decisión correcta.
Un tiempo de tranquilidad, de centrarme en mis prioridades, de disfrutar un poco para después lograr volver con todo, objetivo claro y tratando de llegar. Cueste lo que cueste.

Ojalá en unos meses vea esto y piense que fue lo mejor.
Y si así no fuera, aceptar la pálida y seguir adelante, frente en alto y los mismos huevos de siempre.
Pase lo que pase, a jugar se ha dicho.

jueves, 19 de julio de 2012

- "No cumpliste con lo que te pedí, la cagaste. Pero te entiendo, no estoy enojada, ahora me entendés todo lo que me costó y por lo que pasé yo".
- "La verdad, no sé como pudiste. Es imposible enana y mirá que traté, todo el día tratando de encontrar alguna excusa, algún motiva, cualquier cosa para hablarte y no encontré más que todo el miedo que me da esta situación"
- ¿Sabés cómo lo conseguí? Rezando.
- ¿Rezando?
- Sí, pedía poder olvidarme de vos, sacarte de mi cabeza, y que algún día vos pasaras por todo lo que estaba pasando yo. Que sientas lo mismo que yo estaba sintiendo.
- Mierda que Dios existe entonces. Lo lograste.

miércoles, 18 de julio de 2012

Es una mañana más. Se despertó como todos los días, luchando como siempre con los insoportables ruidos de esas alarmas que le cortan el descanso que tanto necesita.
Directo a la ducha, y a tratar de arrancar de nuevo. Sale de la casa, prendiendo un cigarrillo ni bien empieza a bajar las escaleras que lo van a depositar en las frías calles que recorre en el trayecto al trabajo.
Después de ocho paradas de bondi y trece más de subte, llega a Bartolomé Mitre 751 con el deseo que el día termine pronto, cuando todavía casi que no había empezado. Quiso pasar desapercibido, no pudo.
Más de uno de sus compañeros le iban preguntando si estaba bien, porque no tiraba los chistes de siempre, o saludaba con una sonrisa. No quería pararse a explicar, regateaba como podía, regalaba como le salía una sonrisa de esas que se consiguen en un Todo por $2 y se escondía de nuevo tras su monitor.
Ni siquiera con esa amiga que siempre le regalaba un par de horas matinales, mates de por medio y su oreja dispuesta a escucharlo pudo soltarse y explicar que le andaba pasando.
El día iba llegando a su fin, eran las 6 de la tarde y se tenía que ir rápido de la oficina. Ni siquiera la sesión de masajes que su madre le había pagado lo ilusionaban.
Miraba el teléfono, esperaba un mensaje, una llamada. Lo esperaba pero sabía que no iba a llegar. Necesitaba que suene, poder tener un encuentro más, quizás el último en un largo tiempo, o quizás el primero de muchos otros que se vendrían.
Pero no sonaba, y se aproximaba una noche complicada.
Había prometido desaparecer, perderse por unas semanas. Iba a cumplirlo, aunque sabía que iba a ser triste, doloroso, difícil.
¿Y si por quedarse quieto, no hacer nada y desaparecer se quedaba sin nada? ¿y si después se arrepentía?
De vuelta era consciente que corría esos riesgos, pero esta vez estaba atado de pies y manos, era ella la que tenía que decidir, y su tiempo de poder hacer, pedir o decir había pasado.
Tanta indecisión le hacía mal.
¿Como luchar para tener algo que perdiste, y si bien estas seguro que lo querés recuperar, no estás convencido en que términos lo querés? ¿qué estás dispuesto a resignar para recuperarlo? ¿Qué estás dispuesto a que ella pierda en el camino? ¿Y si te equivocas de nuevo?
Por lo pronto el teléfono sigue sin sonar, y yo, como de costumbre, sigo en el medio de algo que no sé como explicar, como solucionar ni como entender.

Ni siquiera le puedo encontrar un final a esta entrada. Me tengo que ir, y no sé si quiero, raro en mí.