- "No cumpliste con lo que te pedí, la cagaste. Pero te entiendo, no estoy enojada, ahora me entendés todo lo que me costó y por lo que pasé yo".
- "La verdad, no sé como pudiste. Es imposible enana y mirá que traté, todo el día tratando de encontrar alguna excusa, algún motiva, cualquier cosa para hablarte y no encontré más que todo el miedo que me da esta situación"
- ¿Sabés cómo lo conseguí? Rezando.
- ¿Rezando?
- Sí, pedía poder olvidarme de vos, sacarte de mi cabeza, y que algún día vos pasaras por todo lo que estaba pasando yo. Que sientas lo mismo que yo estaba sintiendo.
- Mierda que Dios existe entonces. Lo lograste.
Yo, muchos pensamientos que quieren escapar de mi cabeza... tecnología de por medio y vamos a ver que sale... "Firme, despacito Ganando coraje La pluma fue llenando mi renglón"
jueves, 19 de julio de 2012
miércoles, 18 de julio de 2012
Es una mañana más. Se despertó como todos los días, luchando como siempre con los insoportables ruidos de esas alarmas que le cortan el descanso que tanto necesita.
Directo a la ducha, y a tratar de arrancar de nuevo. Sale de la casa, prendiendo un cigarrillo ni bien empieza a bajar las escaleras que lo van a depositar en las frías calles que recorre en el trayecto al trabajo.
Después de ocho paradas de bondi y trece más de subte, llega a Bartolomé Mitre 751 con el deseo que el día termine pronto, cuando todavía casi que no había empezado. Quiso pasar desapercibido, no pudo.
Más de uno de sus compañeros le iban preguntando si estaba bien, porque no tiraba los chistes de siempre, o saludaba con una sonrisa. No quería pararse a explicar, regateaba como podía, regalaba como le salía una sonrisa de esas que se consiguen en un Todo por $2 y se escondía de nuevo tras su monitor.
Ni siquiera con esa amiga que siempre le regalaba un par de horas matinales, mates de por medio y su oreja dispuesta a escucharlo pudo soltarse y explicar que le andaba pasando.
El día iba llegando a su fin, eran las 6 de la tarde y se tenía que ir rápido de la oficina. Ni siquiera la sesión de masajes que su madre le había pagado lo ilusionaban.
Miraba el teléfono, esperaba un mensaje, una llamada. Lo esperaba pero sabía que no iba a llegar. Necesitaba que suene, poder tener un encuentro más, quizás el último en un largo tiempo, o quizás el primero de muchos otros que se vendrían.
Pero no sonaba, y se aproximaba una noche complicada.
Había prometido desaparecer, perderse por unas semanas. Iba a cumplirlo, aunque sabía que iba a ser triste, doloroso, difícil.
¿Y si por quedarse quieto, no hacer nada y desaparecer se quedaba sin nada? ¿y si después se arrepentía?
De vuelta era consciente que corría esos riesgos, pero esta vez estaba atado de pies y manos, era ella la que tenía que decidir, y su tiempo de poder hacer, pedir o decir había pasado.
Tanta indecisión le hacía mal.
¿Como luchar para tener algo que perdiste, y si bien estas seguro que lo querés recuperar, no estás convencido en que términos lo querés? ¿qué estás dispuesto a resignar para recuperarlo? ¿Qué estás dispuesto a que ella pierda en el camino? ¿Y si te equivocas de nuevo?
Por lo pronto el teléfono sigue sin sonar, y yo, como de costumbre, sigo en el medio de algo que no sé como explicar, como solucionar ni como entender.
Ni siquiera le puedo encontrar un final a esta entrada. Me tengo que ir, y no sé si quiero, raro en mí.
Directo a la ducha, y a tratar de arrancar de nuevo. Sale de la casa, prendiendo un cigarrillo ni bien empieza a bajar las escaleras que lo van a depositar en las frías calles que recorre en el trayecto al trabajo.
Después de ocho paradas de bondi y trece más de subte, llega a Bartolomé Mitre 751 con el deseo que el día termine pronto, cuando todavía casi que no había empezado. Quiso pasar desapercibido, no pudo.
Más de uno de sus compañeros le iban preguntando si estaba bien, porque no tiraba los chistes de siempre, o saludaba con una sonrisa. No quería pararse a explicar, regateaba como podía, regalaba como le salía una sonrisa de esas que se consiguen en un Todo por $2 y se escondía de nuevo tras su monitor.
Ni siquiera con esa amiga que siempre le regalaba un par de horas matinales, mates de por medio y su oreja dispuesta a escucharlo pudo soltarse y explicar que le andaba pasando.
El día iba llegando a su fin, eran las 6 de la tarde y se tenía que ir rápido de la oficina. Ni siquiera la sesión de masajes que su madre le había pagado lo ilusionaban.
Miraba el teléfono, esperaba un mensaje, una llamada. Lo esperaba pero sabía que no iba a llegar. Necesitaba que suene, poder tener un encuentro más, quizás el último en un largo tiempo, o quizás el primero de muchos otros que se vendrían.
Pero no sonaba, y se aproximaba una noche complicada.
Había prometido desaparecer, perderse por unas semanas. Iba a cumplirlo, aunque sabía que iba a ser triste, doloroso, difícil.
¿Y si por quedarse quieto, no hacer nada y desaparecer se quedaba sin nada? ¿y si después se arrepentía?
De vuelta era consciente que corría esos riesgos, pero esta vez estaba atado de pies y manos, era ella la que tenía que decidir, y su tiempo de poder hacer, pedir o decir había pasado.
Tanta indecisión le hacía mal.
¿Como luchar para tener algo que perdiste, y si bien estas seguro que lo querés recuperar, no estás convencido en que términos lo querés? ¿qué estás dispuesto a resignar para recuperarlo? ¿Qué estás dispuesto a que ella pierda en el camino? ¿Y si te equivocas de nuevo?
Por lo pronto el teléfono sigue sin sonar, y yo, como de costumbre, sigo en el medio de algo que no sé como explicar, como solucionar ni como entender.
Ni siquiera le puedo encontrar un final a esta entrada. Me tengo que ir, y no sé si quiero, raro en mí.
lunes, 16 de julio de 2012
"Dejala tranquila, estás siendo egoísta, y sin estar seguro de que querés, sólo vas a lograr confundirla a ella"
Esa frase le vino a la cabeza, y no se le fue nunca más. Era verdad? No quería que lo fuera, pero tampoco sabía si su amiga tenía razón.
No sabía que quería, pero sabía lo que no quería. Y no quería perderla, al menos no del todo. Y de acuerdo a como se levantaba, a que cosas le pasaran en el día, su parecer iba cambiando.
A veces sentía que tenía que volver a estar con ella, que tenía que luchar porque si después de 6 meses no había logrado dejar de sentir cosas por ella y expulsarla de su cabeza, era por algo. Sabía que iba a ser difícil, que iban a tener que luchar contra muchas cosas, estar más unidos que nunca, seguros de querer hacer las cosas bien y aprovechar la última de las chances que les quedaban. Pero la última enserio, pudiendo terminar todo o ser el comienzo de algo otra vez lindo, pero duradero.
Otras veces, se bajoneaba pensando que en realidad estaba siendo egoísta, que quería (como siempre) aquello que no tenía, que no podía tener. Que tenía que tragarse las ganas, irse por un buen rato, desaparecer de su vida y que el destino provea. Se dejaba en manos de la vida, de que sea lo que ella quiera. Podía ser que en un tiempo ella volviera a él, pero era consciente que también podía ser que no volviera jamás. Eso lo aterraba, no se creía capaz de hacerlo por decisión propia.
No sabía como había llegado a esta situación, poniendo en la posición de decidir a la mujer que como tal, más había amado en su vida.
Estaba en un momento crítico, sabía que decidiera lo que decidiera, no era él quién decidía.
Si se la jugaba de nuevo, arrepentido de la decisión que había tomado medio año atrás, e intentaba recuperar lo que en algún momento fue tan lindo, era ella quién iba a aceptarlo, o decidir seguir su vida sin él en ella.
Si decidía abrirse, darle paso al destino y quedar en posición de no hacer, se exponía a que sea lo que tuviera que ser, y luego iba a tener que bancarse la que viniera. Si resultaba ser que la vida los vuelva a juntar, más adelante se vería. Y si cada uno hiciera su historia separado del otro, también habría que ponerle el pecho. Si alguno de los dos pudiese seguir adelante y el otro no, seguramente se sentiría mal, ahora o cuando se diera cuenta de esa incierta realidad.
Se venían días cruciales, sabía que por momentos no la iba a pasar bien. No quería pensar, no quería saber que iba a suceder. Pero pensaba. Imaginaba como podían darse las cosas. Ninguno de todos esos escenarios lo convencían. En todos habían miedos, dudas, inquietudes, reclamos, histeria, indecisiones, dificultades, cosas que se perdían, otras que se ganaban.
Una vez más no sabía para que lado correr, y entonces no corría. Trataba de caminar para allá, trastabillaba, se caía y arrancaba para el otro lado.
Y lo peor era que esto recién empezaba, pero él no sabía si querer que se termine de la manera que fuera, si querer que siga, que desaparezca o perder la memoria. O tal vez el corazón.
Uff.
Esa frase le vino a la cabeza, y no se le fue nunca más. Era verdad? No quería que lo fuera, pero tampoco sabía si su amiga tenía razón.
Esa noche, soñó
con ella. Soñó una familia juntos y felices. Se despertó de madrugada, contento
y eso lo terminó de confundir. Lo partió al medio.
No sabía que quería, pero sabía lo que no quería. Y no quería perderla, al menos no del todo. Y de acuerdo a como se levantaba, a que cosas le pasaran en el día, su parecer iba cambiando.
A veces sentía que tenía que volver a estar con ella, que tenía que luchar porque si después de 6 meses no había logrado dejar de sentir cosas por ella y expulsarla de su cabeza, era por algo. Sabía que iba a ser difícil, que iban a tener que luchar contra muchas cosas, estar más unidos que nunca, seguros de querer hacer las cosas bien y aprovechar la última de las chances que les quedaban. Pero la última enserio, pudiendo terminar todo o ser el comienzo de algo otra vez lindo, pero duradero.
Otras veces, se bajoneaba pensando que en realidad estaba siendo egoísta, que quería (como siempre) aquello que no tenía, que no podía tener. Que tenía que tragarse las ganas, irse por un buen rato, desaparecer de su vida y que el destino provea. Se dejaba en manos de la vida, de que sea lo que ella quiera. Podía ser que en un tiempo ella volviera a él, pero era consciente que también podía ser que no volviera jamás. Eso lo aterraba, no se creía capaz de hacerlo por decisión propia.
No sabía como había llegado a esta situación, poniendo en la posición de decidir a la mujer que como tal, más había amado en su vida.
Estaba en un momento crítico, sabía que decidiera lo que decidiera, no era él quién decidía.
Si se la jugaba de nuevo, arrepentido de la decisión que había tomado medio año atrás, e intentaba recuperar lo que en algún momento fue tan lindo, era ella quién iba a aceptarlo, o decidir seguir su vida sin él en ella.
Si decidía abrirse, darle paso al destino y quedar en posición de no hacer, se exponía a que sea lo que tuviera que ser, y luego iba a tener que bancarse la que viniera. Si resultaba ser que la vida los vuelva a juntar, más adelante se vería. Y si cada uno hiciera su historia separado del otro, también habría que ponerle el pecho. Si alguno de los dos pudiese seguir adelante y el otro no, seguramente se sentiría mal, ahora o cuando se diera cuenta de esa incierta realidad.
Se venían días cruciales, sabía que por momentos no la iba a pasar bien. No quería pensar, no quería saber que iba a suceder. Pero pensaba. Imaginaba como podían darse las cosas. Ninguno de todos esos escenarios lo convencían. En todos habían miedos, dudas, inquietudes, reclamos, histeria, indecisiones, dificultades, cosas que se perdían, otras que se ganaban.
Una vez más no sabía para que lado correr, y entonces no corría. Trataba de caminar para allá, trastabillaba, se caía y arrancaba para el otro lado.
Y lo peor era que esto recién empezaba, pero él no sabía si querer que se termine de la manera que fuera, si querer que siga, que desaparezca o perder la memoria. O tal vez el corazón.
Uff.
Federico
Duodécima
Julio 2012
martes, 10 de julio de 2012
Un buen momento.
Bueno, yo no creo en la felicidad. No creo en la felicidad como algo constante, pero sí en ella como un estado pasajero. Hay pequeños momentos de felicidad, no más que eso. No es eterno, ni se puede vivir en constante estado de felicidad.
Esa es una de mis máximas, hasta que algo me demuestre lo contrario. Bah, ni siquiera, en realidad hasta que a mí me pase algo que me haga pensar con más o menos la misma firmeza que tengo ahora, que la felicidad sí existe como algo más que esporádicos momentos.
Pero si creo en los buenos y malos momentos de cada uno en la vida. Y los creo fácil de distinguir.
Hoy creo que estoy en un buen momento: me siento bien, estoy de buen humor, tengo laburo, me puedo dar mis gustos. Haciendo cosas para mí, ocupándome de mis asuntos y tratando de dejar de hacer las cosas que quizás no me hacen del todo bien. Puedo planificar a futuro, puedo proyectar cosas y saber que las voy a cumplir. Me siento bien conmigo, me gusta esta realidad. Quiero hacerla mía.
Ojo, yo tengo claro que esto puede durar 20 minutos, o quizás menos. Y la verdad me importa poco.
Pretendo disfrutar de que ahora estoy bien, y tratar de estirarlo lo más posible.
Y la vida se acuesta a mi lado, y con ella me empiezo a reír
Y ahora sueño que voy caminando por todas las cosas que faltan vivir, y sentir...
Esa es una de mis máximas, hasta que algo me demuestre lo contrario. Bah, ni siquiera, en realidad hasta que a mí me pase algo que me haga pensar con más o menos la misma firmeza que tengo ahora, que la felicidad sí existe como algo más que esporádicos momentos.
Pero si creo en los buenos y malos momentos de cada uno en la vida. Y los creo fácil de distinguir.
Hoy creo que estoy en un buen momento: me siento bien, estoy de buen humor, tengo laburo, me puedo dar mis gustos. Haciendo cosas para mí, ocupándome de mis asuntos y tratando de dejar de hacer las cosas que quizás no me hacen del todo bien. Puedo planificar a futuro, puedo proyectar cosas y saber que las voy a cumplir. Me siento bien conmigo, me gusta esta realidad. Quiero hacerla mía.
Ojo, yo tengo claro que esto puede durar 20 minutos, o quizás menos. Y la verdad me importa poco.
Pretendo disfrutar de que ahora estoy bien, y tratar de estirarlo lo más posible.
Y la vida se acuesta a mi lado, y con ella me empiezo a reír
Y ahora sueño que voy caminando por todas las cosas que faltan vivir, y sentir...
Federico
Julio 2012
Undécima
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