Esa frase le vino a la cabeza, y no se le fue nunca más. Era verdad? No quería que lo fuera, pero tampoco sabía si su amiga tenía razón.
Esa noche, soñó
con ella. Soñó una familia juntos y felices. Se despertó de madrugada, contento
y eso lo terminó de confundir. Lo partió al medio.
No sabía que quería, pero sabía lo que no quería. Y no quería perderla, al menos no del todo. Y de acuerdo a como se levantaba, a que cosas le pasaran en el día, su parecer iba cambiando.
A veces sentía que tenía que volver a estar con ella, que tenía que luchar porque si después de 6 meses no había logrado dejar de sentir cosas por ella y expulsarla de su cabeza, era por algo. Sabía que iba a ser difícil, que iban a tener que luchar contra muchas cosas, estar más unidos que nunca, seguros de querer hacer las cosas bien y aprovechar la última de las chances que les quedaban. Pero la última enserio, pudiendo terminar todo o ser el comienzo de algo otra vez lindo, pero duradero.
Otras veces, se bajoneaba pensando que en realidad estaba siendo egoísta, que quería (como siempre) aquello que no tenía, que no podía tener. Que tenía que tragarse las ganas, irse por un buen rato, desaparecer de su vida y que el destino provea. Se dejaba en manos de la vida, de que sea lo que ella quiera. Podía ser que en un tiempo ella volviera a él, pero era consciente que también podía ser que no volviera jamás. Eso lo aterraba, no se creía capaz de hacerlo por decisión propia.
No sabía como había llegado a esta situación, poniendo en la posición de decidir a la mujer que como tal, más había amado en su vida.
Estaba en un momento crítico, sabía que decidiera lo que decidiera, no era él quién decidía.
Si se la jugaba de nuevo, arrepentido de la decisión que había tomado medio año atrás, e intentaba recuperar lo que en algún momento fue tan lindo, era ella quién iba a aceptarlo, o decidir seguir su vida sin él en ella.
Si decidía abrirse, darle paso al destino y quedar en posición de no hacer, se exponía a que sea lo que tuviera que ser, y luego iba a tener que bancarse la que viniera. Si resultaba ser que la vida los vuelva a juntar, más adelante se vería. Y si cada uno hiciera su historia separado del otro, también habría que ponerle el pecho. Si alguno de los dos pudiese seguir adelante y el otro no, seguramente se sentiría mal, ahora o cuando se diera cuenta de esa incierta realidad.
Se venían días cruciales, sabía que por momentos no la iba a pasar bien. No quería pensar, no quería saber que iba a suceder. Pero pensaba. Imaginaba como podían darse las cosas. Ninguno de todos esos escenarios lo convencían. En todos habían miedos, dudas, inquietudes, reclamos, histeria, indecisiones, dificultades, cosas que se perdían, otras que se ganaban.
Una vez más no sabía para que lado correr, y entonces no corría. Trataba de caminar para allá, trastabillaba, se caía y arrancaba para el otro lado.
Y lo peor era que esto recién empezaba, pero él no sabía si querer que se termine de la manera que fuera, si querer que siga, que desaparezca o perder la memoria. O tal vez el corazón.
Uff.
Federico
Duodécima
Julio 2012
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