Es una mañana más. Se despertó como todos los días, luchando como siempre con los insoportables ruidos de esas alarmas que le cortan el descanso que tanto necesita.
Directo a la ducha, y a tratar de arrancar de nuevo. Sale de la casa, prendiendo un cigarrillo ni bien empieza a bajar las escaleras que lo van a depositar en las frías calles que recorre en el trayecto al trabajo.
Después de ocho paradas de bondi y trece más de subte, llega a Bartolomé Mitre 751 con el deseo que el día termine pronto, cuando todavía casi que no había empezado. Quiso pasar desapercibido, no pudo.
Más de uno de sus compañeros le iban preguntando si estaba bien, porque no tiraba los chistes de siempre, o saludaba con una sonrisa. No quería pararse a explicar, regateaba como podía, regalaba como le salía una sonrisa de esas que se consiguen en un Todo por $2 y se escondía de nuevo tras su monitor.
Ni siquiera con esa amiga que siempre le regalaba un par de horas matinales, mates de por medio y su oreja dispuesta a escucharlo pudo soltarse y explicar que le andaba pasando.
El día iba llegando a su fin, eran las 6 de la tarde y se tenía que ir rápido de la oficina. Ni siquiera la sesión de masajes que su madre le había pagado lo ilusionaban.
Miraba el teléfono, esperaba un mensaje, una llamada. Lo esperaba pero sabía que no iba a llegar. Necesitaba que suene, poder tener un encuentro más, quizás el último en un largo tiempo, o quizás el primero de muchos otros que se vendrían.
Pero no sonaba, y se aproximaba una noche complicada.
Había prometido desaparecer, perderse por unas semanas. Iba a cumplirlo, aunque sabía que iba a ser triste, doloroso, difícil.
¿Y si por quedarse quieto, no hacer nada y desaparecer se quedaba sin nada? ¿y si después se arrepentía?
De vuelta era consciente que corría esos riesgos, pero esta vez estaba atado de pies y manos, era ella la que tenía que decidir, y su tiempo de poder hacer, pedir o decir había pasado.
Tanta indecisión le hacía mal.
¿Como luchar para tener algo que perdiste, y si bien estas seguro que lo querés recuperar, no estás convencido en que términos lo querés? ¿qué estás dispuesto a resignar para recuperarlo? ¿Qué estás dispuesto a que ella pierda en el camino? ¿Y si te equivocas de nuevo?
Por lo pronto el teléfono sigue sin sonar, y yo, como de costumbre, sigo en el medio de algo que no sé como explicar, como solucionar ni como entender.
Ni siquiera le puedo encontrar un final a esta entrada. Me tengo que ir, y no sé si quiero, raro en mí.
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